El Andar



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Acerca de los presos políticos.

 

 

La Guerra del Golf

en el valle sagrado

Julie Reynolds

Fotos de Paul Myers

Laura Aguirre y Eduardo Alvarez del Castillo

Primera de dos partes

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ESTA historia trata de Emiliano Zapata. También es la historia de un campo de golf, Jack Nicklaus, Greenpeace, un proyecto de $500 millones de dólares, GTE y la venta masiva de tierras mexicanas.

Es la historia de unos campesinos que confrontan al Estado, la policía y al ejército--y ganan.

Es una parábola que pudo solamente suceder en Tepoztlán, un rústico pueblito que alberga a campesinos, hippies mexicanos, ecologistas, intelectuales y apariciones regulares de ovnis.

En estos momentos dos hombres están muertos y tres en la cárcel. Todavía la "guerra del golf" no se ha terminado.

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EL 24 de agosto de 1995 fue el día que la policía, el ejército y todo el gobierno de la ciudad fueron echados fuera por los residentes de Tepoztlán, en el estado de Morelos, México. La multitud sólo estaba armada con palos y piedras y la indignación profunda por la traición.

Un año más tarde, la entrada al pueblo está bloqueada por un muro de piedras de baja altura pero con simbólicos de alambres de púas que se retuercen en la parte superior.

"Tienes que entender una cosa: todo en Tepoztlán es parábola" dice el restaurantero Rubén Flores Torres, mirándome con dureza una madrugada después de tomar algunos tequilas.

No lo dudo. Desde que llegué muchos me han dicho que me fije bien a ver si veo los OVNIs que frecuentan los dramáticos precipicios de Tepoztlán. A una hora de la Ciudad de México, ya estamos a una milla de alto. La suave y rocosa montaña de El Tepozteco, coronada por una pirámide en la cima, parece tocar otro universo. "Si te subes la pirámide te va a dar energía", dicen los tepoztecos, el gentilicio de los nativos de este lugar.

Tepoztlán, con una población de 13,000, es conocido como el Valle Sagrado de los aztecas. Sus exuberantes campos mantienen a una clase campesina que, aunque pobre, vive más cómodamente y está mejor educada que muchos en México. Incluso aquellos que se convierten en profesionistas no abandonan su tierra; pasan los fines de semana ocupándose de los campos familiares sembrados de maíz, frijoles y zempasuchil, las flores color naranja y oro que se ofrendan el Día de Muertos.

Este es Morelos, tierra donde nació Emiliano Zapata, y éstas son las tierras y la gente que él defendió y quiso. Zapatistas de 100 años viven aquí, los mismos que lucharon al lado de Emiliano. La nieta de Zapata todavía vive por aquí.

Años después de Zapata y de la Revolución Mexicana, los tepoztecos han cultivado una personalidad desafiante. Hace más de treinta años se propuso la construcción de un campo de golf y una ruta escénica para tren en las extensivas tierras comunales del pueblo. Esos planes fueron abandonados después de que los residentes se opusieron rotundamente y combatieron la propuesta con un movimiento llamado "No al tren".

"Esto empezó en 1860," dice Nuria Jiménez, quien dirige un pequeño centro cultural en el pueblo. "Los viejos dicen que las comunidades de Tepoztlán y Santa Catarina compraron la tierra y se convirtió en propiedad comunal."

Por el tiempo del debate del tren escénico, en 1962, la familia de Francisco Kladt empezó a adquirir con gran discreción propiedades en la región, aunque más tarde se supo que algunas de las tierras estaban "en disputa". Las tierras estaban protegidas por decretos presidenciales. Algunas áreas que Kladt poseía se habían designado oficialmente como zonas arqueológicas, en 1937 como parque nacional, en 1988 como reserva ecológica, e históricamente, como tierras comunales propiedad de campesinos. Pero Kladt de alguna forma pudo obtener las escrituras de los campesinos y del estado, "muy derecho".

A pesar de la resistencia de la historia tepozteca, en los años noventas el joven promotor inmobiliario Francisco Kladt Sobrino continuó con su sueño. Aunque había planeado y organizado varios grandes proyectos en México, ninguno tenía la voracidad ni la escala del Club de Golf El Tepozteco. Era, simplemente, enorme. Los planos incluían un campo de golf de 18 hoyos diseñado por Jack Nicklaus, 800 unidades residenciales de lujo, un lago artificial, canchas de tenis, restaurantes, un hotel, centros comerciales, un helipuerto y un club de equitación. No se dijo en ese momento que el centro de la "comunidad" sería un complejo internacional de negocios llamado "El Recinto", (el cual sería el hogar de la corporación GTE, cuya base está en Estados Unidos). Todo esto, rodeado por la serenidad magnificente del Parque Nacional El Tepozteco, o lo que quedaría de él.

Los inversionistas de Kladt pertenecían estrictamente a la liga mayor. Su grupo KS había reunido el apoyo de Jaime Alatorre, quien, aparentemente no viendo conflicto de intereses con su puesto como cabeza de Consejo de Inversionistas Mexicanos (Mexican Investment Council), a título personal había comprado parte del proyecto. Otro inversionista, Ricardo Salinas Pliego, accionista mayor de Elektra de México, imperio de los electrodomésticos, y de la cadena TV Azteca, quien hace poco desató el escándalo porque usó sus conexiones con el gobierno para obtener fondos. Se contrató a la compañía norteamericana Golden Bear Course Management, en la cual tiene acciones el golfista Jack Nicklaus, para diseñar el campo de golf. En total, más de 70 inversionistas iniciales, la mayoría de ellos peces grandes en los círculos mexicanos de la banca, los negocios y la política, estaban en la lista del Grupo KS.

 

EN 1995, el vicepresidente del proyecto José de los Ríos rezaba con emoción el evangelio de KS. El modelo de desarrollo representaba lo mejor de todos los mundos, una feliz mezcla de naturaleza, arqueología, comodidad y prosperidad.

"Es un estilo rústico mexicano, colonial mexicano ¿Y por qué es eso? Es porque nos sentimos perfectamente bien, y lo tenemos muy visualizado, que un proyecto de este tipo, pues es lo nuestro, es lo mexicano. Es el poder aprovechar todos los materiales de una región, o de otra región, de lo que es mexicano", notó de los Ríos sin ironía. "Hoy en día, hacer proyectos ecológicos es altamente rentable. Por eso nosotros queremos a la ecología."

A muchos tepoztecos no les gustó la idea. Históricamente, para nada les ha interesado el "progreso". Aman su valle donde burros y caballos son todavía modos comunes de transporte. Aman su pueblo donde la gente come hongos silvestres, nopales asados y tacos de flores de calabaza, como lo han hecho durante cientos de años. Si la modernidad significa perder su entrañable forma de vida, a muchos tepoztecos realmente no les podría importar menos que la base impositiva se incrementara o que se crearan 13,000 empleos.

"Yo creo que no se trata solamente de una conservación de tradiciones nada más por conservarlas ¿no?", nos pregunta retóricamente Filiberto González, párroco del pueblo. "Había que ver hasta qué punto nuestras tradiciones y todo el entorno hacen y forman al individuo. Su identidad."

Otro problema fue que el Club de Golf estaba fuera de su ámbito. Tepoztlán disfruta de la presencia de una cierta clase intelectual con dinero que busca huir de la Ciudad de México. Pero para la mayoría de tepoztecos, los agricultores y la clase trabajadora, el proyecto era algo que en verdad no engranaba con ellos ni económica, ni social ni filosóficamente. Con su entrada con puerta controlada y un parque de negocios de alta tecnología, el desarrollo en ningún momento intentó incluirlos.

Además, los ecologistas locales estaban contra la idea de apoyar a un club de golf donde alguna vez hubo campos silvestres, que consumiría hasta 800,000 galones de agua por día, cinco veces más de lo usual.

En la primavera de 1995, la fricción se estaba desatando en Morelos y las preocupaciones de los tepoztecos obtuvieron buena cobertura con la prensa liberal de la Ciudad de México. El PRI, el partido dominante de la vieja guardia del país, tenía el control del gobierno del estado, y el gobernador Jorge Carrillo Olea estaba suavizando el camino para que KS empezara la construcción. Pero en Tepoztlán miles se opusieron, e incluso el presidente municipal priísta de la ciudad, Alejandro Morales Barragán, prometió que combatiría a KS y al estado hasta sus últimas consecuencias. El 18 de marzo de 1995, rodeado por miles de residentes, Morales firmó una declaración oficial rechazando el proyecto. Abraham López Cruz, un campesino que representaba las tierras comunales de Tepoztlán, también se declaró en contra de KS.

Mientras tanto, la KS descaradamente abrió oficinas en Tepoztlán y empezó una campaña para vender lotes y membresías en el Club de Golf por 137,000 dólares. Un grupo de residentes, alarmado por la frescura de Kladt frente a la oposición tepozteca, visitó al presidente municipal "Alex" Morales en agosto. Algunos sospechaban que se había hecho un trato entre Morales y el gobernador Carrillo. Los residentes reiteraron a Morales que "no querían el Club de Golf".

Abruptamente, el 22 de agosto, Morales y los miembros del ayuntamiento extendieron una "carta de factibilidad" para el proyecto, que el gobierno del estado asumió como permiso para proseguir con la construcción.

Pero la mañana del 24 de agosto, la batalla campal se desató.

Varios miles de tepoztecos habían tenido suficiente. Anonadados de que sus autoridades locales, viejos amigos y vecinos, los hubieran vendido, tomaron el Palacio Municipal y declararon el estado de sitio. Durmieron en las oficinas e hicieron guardia día y noche.

Y ése fue sólo el principio.

UNA paz tensa prevaleció durante una semana. A pesar de haber sido sacados del Palacio Municipal, el presidente y el consejo municipal seguían en el pueblo planeando su regreso. Morales culpó al partido izquierdista PRD por el desacuerdo. En el diario La Jornada, el presidente municipal destituido sostuvo que agitadores foráneos pertenecientes al PRD habían tomado posesión del Palacio Municipal, no la gente del pueblo. Los funcionarios municipales se encontraban enfurecidos por haber sido desplazados por el populacho y todos asumían que el estado muy pronto mandaría a la policía.

"El 3 de septiembre se reunió la asamblea, como siempre. Siempre se reúnen el primer domingo del mes," me dice Nuria Jiménez. "A las ocho o nueve de la mañana, se dieron cuenta que estaban los granaderos y los del PRI. Pero no sabían que habían sido engañados."

Al percatarse de lo que estaba a punto de ocurrir, alguien se subió al techo del Palacio Municipal. Repiquetearon las campanas incesantemente, la señal para convocar a la ciudadanía de Tepoztlán. Con las miles de personas que se apresuraron a ver que sucedía, hubo bastantes testigos. Muchos de ellos no admiten su participación activa en el levantamiento. Las declaraciones les pueden traer consecuencias, y el miedo a las repercusiones policiales los obliga a cuidar sus palabras.

Lázaro Rodríguez: "Se estaba haciendo una reunión en la casa de Don Abraham López, quien era representante de los bienes comunales. Esta reunión era convocada precisamente para que el de bienes comunales autorizara el permiso de la venta ilícita de la tierra. La gente se dio cuenta que había una reunión donde se encontraba el Director de Transporte del estado, quien no tenía por que estar allí. Estaba la presidenta del PRI a nivel municipal, que era Diana Ortega. Estaba el subsecretario 'C' del gobierno del estado, que tampoco tenía porque estar allí. Entonces, yo creo que era una reunión de comuneros, no de dirigentes estatales. Y de allí ya estaban resguardados con granaderos que vinieron a parar hasta acá en la carretera a provocar al pueblo. Inmediatamente, se juntó el pueblo de los lados, y pues le pegaron una corretiza a los granaderos."

José Manuel Medina: "Habían más civiles que granaderos. Ellos eran 200, y nosotros éramos miles. Les dio muchísimo miedo."

Nuria Jiménez: "Se pintó el presidente municipal."

No todos en la junta pudieron escapar. Siete de ellos, calificados de traidores, fueron tomados prisioneros por la turba furiosa. "A Diana [Ortega] la golpearon", recuerda Nuria con tristeza. "Yo la conozco y no es mala gente. Pero dijeron 'ella es traicionera'."

Para cuando el sol se había deslizado detrás de las montañas, ya se habían construido barricadas, designado guardias las 24 horas y la policía, los granaderos, el PRI y todo el gobierno de la ciudad, excepto los siete rehenes, se habían marchado.

Mientras la gente dormía, si es que lo hacían, el ejército y la policía rodeó rápidamente el pueblo, pero no se atrevían a entrar. Durante dos días, hasta que los rehenes fueron liberados, la gente del pueblo se escondió en sus hogares, temiendo que los granaderos irrumpieran en cualquier momento. Nunca lo hicieron.

 

LOS rebeldes tenían nombre, el Comité de la Unidad de Tepoztlán (CUT). Hastiados por los días de diálogo infructífero con el estado, los paracaidistas del Palacio Municipal terminaron las pláticas y procedieron a organizar sus propias elecciones para presidente municipal. No hubo partidos políticos y no se permitió gastar dinero en campañas electorales. Los candidatos fueron seleccionados de cada uno de los ocho barrios de Tepoztlán y el 24 de septiembre, se distribuyeron boletas con las fotos de los candidatos para que cada uno de los residentes, supiera o no leer y escribir, pudiera entender claramente quien se postulaba. Observadores nacionales e internacionales llegaron, incluyendo a dos superestrellas de la izquierda: el escritor Carlos Monsiváis y la actriz Ofelia Medina. Lázaro Rodríguez ganó sin mancha.

"Cuando me eligieron," dijo Lázaro, "nunca había pertenecido a un partido político. Ni credencial de elector. Representaba a un grupo de ecologistas." El presidente municipal, "El Chimpi" como le dicen de cariño, se arregla como si quisiera ser el próximo Emiliano Zapata. Se enchina el bigote para los fotógrafos y camina por el pueblo con un pañuelo rojo alrededor del cuello y un sombrero de paja.

"Lo único que hicimos fue implementar el Artículo 39 de la constitución mexicana," dice José Manuel Medina, el nuevo secretario del ayuntamiento. El Artículo 39 es breve. Establece que "la soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno."

Medina asegura con orgullo que "ésta es la primera vez que la ley se ha utilizado. No fue planeado, fue de una manera espontánea."

La nueva administración fue nombrada el Ayuntamiento Libre, Popular y Constitucional de Tepoztlán. Jóvenes adolescentes tomaron turnos como guardias para mantener las barricadas del pueblo, y las mujeres montaron una cocina en la escalinata de la alcaldía para alimentar a los voluntarios. Esta sensación nueva, de estar en control de su pueblo, era emocionante para los tepoztecos. Todos los días al atardecer, Lázaro salía a la veranda del Palacio Municipal y ondeando su sombrero sobre su cabeza, anunciaba las noticias del día a una multitud orgullosa de viejos, mujeres, adolescentes y comerciantes. "Tomamos posesión sin armas, sin nada, con pura inteligencia", dice Lázaro.

La determinación de la gente de Tepoztlán, audaz y tal vez un poco desquiciada, los colocó en el centro de la atención internacional y capturó los corazones de ecologistas y activistas por doquier. Ralph Nader, junto con representantes estadounidenses de Greenpeace, el Sierra Club y Friends of the Earth, enviaron cartas dirigidas a Don A. Hayes, presidente de GTE Data Services, y a Jack Nicklaus de Golden Bear Course Management, urgiéndolos a retirarse del proyecto del Club de Golf.

Pero Nicklaus no encontró la carta o los sucesos en Tepoztlán dignos de recordarse. "¿Cuándo ocurrió esto? ¿El año pasado?" se preguntaba en una entrevista con Bruce Selcraig de la revista Golf Digest. "Me dijeron que hubo un levantamiento, pero yo no supe No me gusta estar envuelto en esas cosas."

A finales de septiembre, el CUT levantó una demanda en contra de KS y el gobernador Carrillo Olea por tomar parte en la "compra ilegal" de tierras comunales, mientras las negociaciones continuaban en el estado de Morelos.

Dos puntos delicados en las pláticas fueron la demanda del CUT para la clausura definitiva del proyecto del Club de Golf y la demanda por parte del estado para que se celebraran nuevas elecciones, abiertas, en las cuales se insinuaba que el PRI podía participar. Hasta Francisco Kladt propuso que todo el proyecto se decidiera por referéndum electoral. En este punto, el CUT mantuvo su posición enérgicamente: no habría nuevas elecciones. Otra votación sería admitir que sus propias elecciones no eran válidas. Las paredes de las casas y los restaurantes fueron pintadas con "No a las elecciones."

A pesar de que se extendieron cientos de órdenes de aprehensión contra los rebeldes de Tepoztlán, a nadie podían llevarse mientras que los transgresores se mantuvieran dentro de la seguridad del pueblo detrás de las barricadas. De una forma surreal, la policía se mantuvo merodeando, en parte por la atención que la prensa y los intelectuales nacionales estaban dando a la situación.

No existe una razón clara del porqué el ejército no entró a masacrar a los infieles. Una barrera transparente parecía repeler a las violentas fuerzas exteriores. Todo fue visto como parte natural del enigma de Tepoztlán, el misterio que atrae a los practicantes de la Nueva Era, como parte de la parábola más reciente del Valle Sagrado.

Todos se encontraban muy animados. "Hemos construido nuestra propia democracia aquí", dice la residente Leticia Moctezuma. Lázaro y el CUT habían organizado al pueblo y los pocos ingresos obtenidos permitieron que los voluntarios pintaran y acicalaran la plaza central. Los fondos se recabaron de las cuotas de los baños públicos, renta de puestos en el mercado y pequeñas donaciones de los visitantes. Curiosamente, después de que la policía se fue muy pocos crímenes ocurrieron. Por primera vez, campesinos y abuelas hablaban en las asambleas populares, y sentían que aumentaba el control de su propio destino. Los campesinos confiaban en que Kladt y su Club de Golf pronto se rendirían.

"En noviembre, las cosas volvieron más o menos a la normalidad", dice Nuria. "Es muy respetada su fiesta de muertos, es una fiesta íntima de Tepoztlán. [Hay] una comunión con sus muertos, y tratábamos de pasarla tranquila."

La paz de noviembre daría lugar a la sangre de diciembre. Antes del Año Nuevo, el hermano de Alex Morales sería asesinado. Dos taxistas estarían en la cárcel y el 18 de enero un apreciado maestro sería arrestado en las afueras del pueblo. A pesar de que cientos de testigos podían testificar para probar su inocencia y sus coartadas, los hombres serían acusados de asesinato.

La encarcelación de los tres significaría la maniobra más brillante del estado. Para muchos, era claro que los taxistas y el maestro se habían convertido en rehenes, quienes serían detenidos por el estado hasta que Tepoztlán se rindiera.

El gobierno de Morelos, exasperado por sus juegos infantiles caprichosos, comenzó a jugar rudo.

Traducción: Consuelo Alba y Claudia S. Meléndez

Continuará en la próxima edición, o véalo ahora.

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México 1996: Un ensayo fotográfico de Janjaap Dekker.