El Andar



Segunda parte (texto sencillo)

Regrese a la primera parte

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The Golf War in the Sacred Valley

La guerra del golf en el Valle Sagrado

Julie Reynolds

©1996,1997 El Andar Publications

 

Otoño de 1995

Las festividades del día de los muertos a principios de noviembre transcurrieron tranquilamente. Los campesinos cosechaban y vendían el zempazuchitl que habían plantado en el verano. Como siempre, para honrar a los muertos se construyeron altares, las tumbas se limpiaron y pintaron. "Hasta la gente jóven que se va de Tepoztlán regresa para los días de muertos," dice Nuria Jiménez, residente del lugar.

No había ni policía ni autoridades estatales en el pueblo, pero esto no parecía afectar la vida de los lugareños. Muy pocos crímenes se cometieron. Había bodas y funerales que se registraban a mano en un librito del Palacio Municipal, sin notario estatal. "Tratábamos de pasarla tranquila," afirma Nuria.

Pero al llegar diciembre, las cuestiones que dividían a los residentes, el Club de Golf y las elecciones del CUT se habían convertido en dolorosos abismos. Amigos y familiares de Alex Morales, el alcalde depuesto, confabulaban furiosamente, ansiosos por retomar el palacio municipal.

Unos parientes de Alex Morales, la familia Barragán, pensaban que podrían sorprender a los guardias del Palacio Municipal. Rocio Ortiz, la nueva diputada del partido del PRI, se hallaba hastiada del estado cantinflesco de las cosas: el alcalde y las autoridades estatales exiliados por culpa de un grupo de viejas y ecologistas que aventaban piedras y palos, mientras el gobierno observaba sin hacer nada.

El dos de diciembre, los Barragán estaban fúricos: su puesto había sido vandalizado y habían recibido amenazas de muerte. Una confrontación comenzó a vislumbrarse temprano en la mañana. Rocío Ortíz llegó a su puesto en el mercado cerca de las 7am, donde los Barragán se reunieron con ella. De acuerdo a los testigos, Ortíz y los Barragán platicaban acaloradamente sus frustraciones, hasta el punto de echar chispas. Otros testigos culpan a los "defensores" del pueblo por haber llevado las cosas demasiado lejos. "Un grupo del CUT, de los mas fanáticos, comienza a amenazar [a Rocio], y a la familia de Alex que tiene la carnicería", dice Nuria. "Bueno, Rocio saca una pistola, y los de la carnicería sacan una UZI." Ortíz disparó a la gente, a los edificios y al aire. El reloj de la plaza se detuvo después de que una bala se incrustó en él.

"Eran como las 7:20 am. Oí las campanas, oí el alboroto, porque se oían los disparos. Yo salí a ver que estaba pasando", dice Raúl (su nombre ha sido cambiado), un comerciante de 25 años de edad quien presencio el tiroteo. "A la gente que estaba pasando les disparaban. Entonces se hizo una persecución: la gente del pueblo contra ellos. Pero ellos traían armas de grueso calibre, metralletas."

Los guardias del Palacio Municipal maniataron a Rocío Ortíz. "Primero los seguimos de acá, del zócalo hacia arriba. Corriendo. Y ellos huyendo, disparándole a la gente."

"Se iban los tres, pero el hermano Pedro Barragán ya se había unido a un grupo de ellos. Se paraban en las calles y empezaban a disparar a la gente. En un momento, se esperan parados en la esquina. Pedro Barragán se queda al último para dispararles. Da la vuelta su hermano, este Félix, da la vuelta, de nervios porque le dio mucha tensión porque ya le estaban acorralando por todos lados. Empieza a disparar, y le pega a su hermano, por la espalda. Yo vi cuando cayó esa persona."

Los periódicos reportaron que Pedro Barragán murió ocho días después en el hospital. A pesar de que el personal del hospital asegura que nunca volvió en sí, la policía produjo una declaración firmada por él en el que nombra a los causantes de su muerte. Rocío Ortíz también firmó una declaración mencionando a cuatro hombres como los asesinos. Uno de ellos, Mauricio Franco Sánchez, fue puesto en libertad. Los otros tres, Gerardo Demesa, Fortino Mendoza y José Carrillo siguen en prisión.

 

De altos muros blancos, la penitenciaría en Cuernavaca parece una ciudad morisca de las antiguas películas. Mujeres y niños entran y salen, sus ojos húmedos revelan su desesperación.

Gerardo Demesa pasa por entre un mar de manos que tratan de alcanzar las limosnas y pregonan sus artesanías a la venta. Hay mujeres por todas partes, platicando, alimentando a sus hombres. Unas viejitas venden quesadillas, y unos señores juegan fútbol. "No es la peor cárcel en México, no como la que he visto en Guerrero," comenta Gerardo.

Después me enteré que Demesa se refería a la cárcel en donde su hermano murió. Aarón Demesa estuvo envuelto en un movimiento rebelde muy conocido pero fracasado a finales de los 60s, dirigido por el maestro Lucio Cabañas en el estado de Guerrero. "Aarón estuvo encarcelado en Chilpancingo," dice Nuria. "Y lo mataron en la cárcel también. Tal vez Gerardo está muy espantado por eso. Tiene miedo que le pase a él lo que le pasó a Aarón."

Gerardo siempre habló de problemas sociales cuando daba clases en Tepoztlán. Tiempo después fue a trabajar en el sindicato de maestros en Cuernavaca. Su hermana dice que "A Gerardo lo quieren aquí. Siempre defendió lo que el pensaba que era justo."

Una entrevista en la cárcel se lleva a cabo bajo ciertos códigos. Los prisioneros quieren salir, así que niegan tener un papel importante en el CUT. Pero reportes en La Jornada conectan a Fortino Mendoza con el movimiento desde sus inicios, y José Carrillo se describe a sí mismo como un firme defensor de los derechos de los campesinos. La Jornada describe a Demesa como el fundador del CUT.

Fortino habla primero. "Al principio nos agarraron a cinco. Yo estaba en la caseta de Oacalco y les dije que quería ver las órdenes de aprensión. Me golpearon. Ellos dijeron que yo dizque había atropellado a un niño. Después de una horas me dejaron ir, pidiendo disculpas. Luego me llevaron a Cuautla, acusado de asesinato."

Luego añade, "Ya hemos pasado muchos días aquí. Hay muchas discrepancias, y nos consideramos prisioneros políticos."

"Soy campesino y taxista. Me arrestaron el 3 de enero", dice José Carrillo, "No había órden de arresto, pero aún así estaba amparado. Básicamente, me secuestraron. Me golpearon allá, y me golpearon en la Procuraduría. Me dijeron que era del CUT, que por eso me habían agarrado. Querían que dijera que (estaba a favor de que) se hiciera el Club de Golf. Pero soy de Tepoztlán y defiendo mis tierras."

"Cuando ocurrió el asesinato, yo andaba trabajando en el taxi. Todos tenemos testigos de donde estábamos. Ninguno de nosotros andaba cerca del lugar."

Finalmente, Gerardo habla. Dice, y otros han corroborado, que el estaba en su casa "armando adobes" cuando ocurrió la balacera. "Más de mil personas vieron [el asesinato]". Temblando, Gerardo detiene un brazo con el otro para mantenerlo quieto.

Los tres aseguran que fueron escogidos como las víctimas "sólo por habernos opuesto al Club de Golf", dice José. "Fue más fácil agarrarnos a nosotros los taxistas, afuera del pueblo", dice Fortino. "Así nadie pudo ver." Muchos de sus compañeros presenciaron como la policía irrumpió en las oficinas del sindicato de maestros y se llevó a Gerardo el 19 de enero. "Me agarraron en Cuernavaca a las 10am." Lo golpearon y lo sacaron arrastrando. "Así lo vemos, que no somos presos políticos, sino rehenes políticos. Sí tenemos ideales. Pero nos capturaron para ver si la gente de Tepoztlán se calmaba."

Más tarde, Raúl describe los términos exactos de negociación del estado: "Lo que el gobierno esta proponiendo es que tiene que haber una persona que sea la idónea para el gobierno del estado. Yo pienso que va a estar muy difícil esa transición porque la gente de Tepoztlán no va a aceptar nunca. Mientras no se de eso, el gobierno del estado no los va a soltar."

El periodista veterano Carlos Basurto, quien vive en Tepoztlán, esta de acuerdo con su opinión. "No los van a dejar salir hasta que el estado consiga lo que quiere. Hasta que el CUT se vaya."

 

Después de que los ciudadanos se apoderaron de Tepoztlán, el promotor del Club de Golf Francisco Kladt cambió las oficinas de su grupo KS del pueblo a un locación más segura cerca de Cuernavaca, donde viven ahora muchos de los líderes priístas del pueblo en exilio.

En Washington, el presidente de servicios de información de GTE Don A. Hayes ya había anunciado la inversión de $27.1 millones de dólares que haría la compañía para albergar sus oficinas principales en el proyecto del Club de Golf, añadiendo que estaban "orgullosos de formar parte del futuro de México". GTE y sus afiliados se habían convertido en postores importantes en la era posterior al TLC, después de haberse asociado con uno de los bancos más grandes de México para obtener una concesión en el mercado de servicios de larga distancia que crecía rápidamente. Hayes concluyó que el proyecto KS-GTE sería el primer "parque corporativo inteligente para empresas de alta tecnología" que se comunicaría a través de fibras ópticas y satélite, y representaría un modelo internacional de "concepto urbanístico integral basado en la premisa de armonía y respeto a la naturaleza".

Pero ya entrado el invierno de 1996, estudios ecológicos habían detenido el progreso del proyecto, y permisos para la construcción se habían negado para algunos lotes en posesión de Kladt, basándose en los reportes de impacto ecológico del propio gobierno. "No es justo que todavía pasen estas cosas en México", se quejó Kladt. La cadena televisiva TV Azteca, cuyo dueño, Ricardo Salinas Pliego, era inversionista en el Club de Golf, llamó a aquellos que se oponían al proyecto como un grupo de "alborotadores y borrachos," mientras que Kladt explicaba que al CUT lo apoyaban mujeres gritonas y agresivas que les daban dinero a los hippies para sus drogas.

Mientras tanto, la prensa revelaba los planes del gobierno mexicano para la construcción de enormes complejos de alta tecnología, con el proyecto del Club de Golf de Kladt sirviendo como imán. "La idea es convertir esta zona en suburbios de la Ciudad de México", dijo Jaime Alatorre, dirigente del Consejo Mexicano de Inversionistas (CMI). Alatorre explicó, resumiendo los detalles del plan de un corredor de alta tecnología que se extendería desde el valle de Cuernavaca hasta el valle de Tepoztlán, que el Club de Golf sería "un detonador importante para atraer industria extranjera". Además, una edición de Proceso de septiembre del 95 reveló planes del gobierno federal para rodear literalmente al D.F. con un corredor transnacional de parques corporativos de alta tecnología que atravesarían los estados de Morelos, Puebla, Querétaro, Hidalgo y Tlaxcala.

Muchas tierras que se usarían en esos proyectos son ejidos, propiedades en manos de familias de campesinos durante generaciones. Cuando el expresidente Carlos Salinas de Gortari reformó el Artículo 27 de la Constitución Mexicana para permitir que los ejidos se vendieran, revocó de manera contundente uno de los logros más importantes de la revolución mexicana: la reforma agraria. La pérdida de los ejidos inició una compra desenfrenada por parte de corporaciones extranjeras de lotes mexicanos, pavimentando así el camino para el corredor industrial.

Parecía irónico que Morelos, el estado de Emiliano Zapata, sirviera como la primera parada, la alfombra de bienvenida a los inversionistas extranjeros.

 

El 10 de abril de 1996 se conmemoró el 77avo aniversario de la muerte de Emiliano Zapata. El presidente mexicano Ernesto Zedillo y el gobernador de Morelos Jorge Carrillo querían celebrar la ocasión con visitas en Tlaltizapan, Morelos.

En la mañana del miércoles 10 de abril, cerca de 800 tepoztecos y sus seguidores también conmemoraban la muerte del héroe de los campesinos. Este año, el legado de Zapata poseía un significado más íntimo. Después de haber peleado contra KS y el gobierno, cansados por la falta de progreso y desconsolados por encarcelación continua de "nuestros prisioneros," los tepoztecos necesitaban recargar energías. El presidente municipal Lázaro Rodríguez y sus seguidores querían recordar a la gente que la continuación de la historia de su estado era la que los había orillado a tomar este camino, y que por esta continuación, nunca estaban solos.

El grupo, que incluía muchas mujeres, ancianos y niños, viajaba en automóbiles y autobuses en una ruta que pasaría por lugares significativos en la vida de Zapata: Anenecuilco, donde nació; Cuautla, donde luchó; y Chinameca, donde murió asesinado en una emboscada. La procesión terminaría en Tlaltizapan, donde le entregarían una carta frente a frente al Presidente de la República.

Vestidos de adelitas y zapatistas, los niños cargaban rifles de madera y machetes de cartón. Algunos lucían bigotes como los de Zapata. Los peregrinos dejaban flores en cada pueblo del camino. Al entrar a Cuautla colocaron una corona al pie de la estatua de Zapata, dirigiéndose después a la Villa de Ayala. Los viajeros habían alcanzado un paraje aislado en el camino, justo a las afueras de Tlaltizapan, cuando cientos de granaderos y policías estatales armados los rodearon y detuvieron. "Nos emboscaron, tal como le hicieron a Zapata", dice Lázaro.

La policía les gritó que llevaban órdenes de prevenir que los peregrinos continuaran a Tlaltizapan. Mientras que los niños lloraban, los adultos gritaban a los policías. El jefe de la policía Juan Manuel Ariño demandó "Queremos ver al Presidente Municipal y a los demás tepoztecos". "¡No nos tienen porqué obstruir el paso, pinche viejo!" gritó una mujer. Los participantes se lanzaron en contra de la policía al grito de "¡Viva Zapata, viva Tepoztlán!" hasta que se convirtió en un canto estruendoso.

La policía se lanzó en contra de los manifestantes. "Golpearon a nuestros viejitos" confesó después la maestra Leticia Moctezuma. Se oyeron los disparos. Marcos Olmedo, un hombre de 65 años también conocido como "El Chipi", se derrumbó. "¡Corran, mataron al Chipi!" gritó una mujer mientras los disparos seguían resonando en el aire. En realidad, a Marcos le habían disparado, pero no estaba muerto. "Yo iba junto a Marcos," dijo Refugio Marquina, "y en la corredera lo vi caer después de los balazos. Todavía los granaderos lo golpearon cuando cayó." Los soldados lo arrastraron para esconderlo. Se oyeron más disparos. "¡Ya déjenlo!" rogó un hombre.

Los manifestantes zapatistas fueron detenidos durante cuatro horas. A los niños los encerraron todos apretujados en una camioneta, mientras que a los heridos los dejaron agonizar hasta que el presidente Zedillo había abandonado el área. Casi 40 tepoztecos fueron arrestados, acusados de destruir cuatro patrullas y de portar armas ilegales. El agente gubernamental José Abraham Mejía emitió una declaración que afirmaba: "Cabe hacer notar que los elementos de la policía no portaban armas de fuego". Se anunció oficialmente que Marcos Olmedo estaba muerto "de una bala en la cabeza; tiene muestras de haber sido arrastrado y permanecido muchas horas al sol." La mayoría de los simpatizantes del CUT estaban en la cárcel, y de acuerdo con las costumbres del estado de Morelos, nadie tenía porque saber lo que realmente había pasado.

 

Probablemente el asunto se habría manejado como de costumbre. Los prisioneros habrían sido torturados, tal vez hubieran confesado haber cometidos varios crímenes, incluyendo el asesinato de Marcos Olmedo. El problema de Tepoztlán se resolvería pronto, el proyecto del Club de Golf podría proceder y el PRI retornaría y retomaría el control. Excepto por un detalle muy importante. Dos periodistas extranjeros y un miembro del CUT habían filmado y fotografiado toda la emboscada.

Ya no podría discutirse: la policía no sólo tenía armas, también las había usado contra una multitud desarmada. Un momento especialmente escalofriante en el video del CUT mostraba al jefe de policía Juan Manuel Ariño apuntando cuidadosamente su pistola hacia la multitud. Al ver que lo filmaban, Ariño se volteó rápidamente y apuntó su arma al fotógrafo. Después parece haberse arrepentido, guardó su pistola en su cacha y desapareció entre una masa de policías.

Lo que el gobierno de Morelos había cortejado con tanto ahínco, ahora sería su perdición: la tecnología. La situación se agravó con la velocidad de una transmisión vía satélite. Unas horas después de la declaración de Mejía, los medios de comunicación mexicanos habían visto todos los videos. La televisión y los periódicos describían el contenido una y otra vez. La Comisión Nacional de Derechos Humanos vio el metraje. El estado fue forzado a liberar a los 34 tepoztecos que todavía tenía bajo custodia. Ariño fue arrestado junto con otros 54 policías el viernes 12 de abril.

Esa tarde, la cadena televisiva TV Azteca transmitió una entrevista exclusiva presenciada en todo México.

Debido a la "grave alteración del orden jurídico y los hechos de violencia suscitados el pasado miércoles", Francisco Kladt anunciaba que el proyecto del Club de Golf sería "definitivamente cancelado".

 

"Ahora que la compañía se ha echado para atrás queremos regresar a nuestras casas, con nuestras familias", dice José Carrillo. "Ya no queremos seguir peleando. Ya se acabó el problema."

El juicio de Demesa, Mendoza y Carrillo terminó a mediados de julio y se determinó que el juez emitiría su veredicto a mediados de agosto. Llegado agosto el veredicto se pospuso indefinidamente. "No van a salir", dice Raúl el comerciante. "Tal vez solamente si grupos internacionales empiezan a presionar."

Al pasar otras celdas que cubren el pasillo de cemento, Gerardo Demesa levanta sus ojos cansados, amables. Le digo que se parece a César Chávez. Al principio no sabe a quien me refiero. Le digo que Chávez fue el líder de la Unión de Campesinos en California. Las esquinas de su rostro se levantan con un poco de brillo. "Ah si, también fue luchador social", dice Gerardo.

La palabra "también" resuena en mí durante horas. Una pista. Así es como Gerardo se mantiene entero en la cárcel: tiene la pequeña consolación de verse a sí mismo como un mártir. Un rehén capturado por una gran causa. Tal vez esta es la única forma de sobrevivir siete meses en prisión y la posibilidad de muchos, muchos más.

 

 

"Por esto les hablo a ellos en parábolas Muchos profetas y hombres justos desearon ver las cosas que ustedes contemplan, y no las vieron, y oír las cosas que ustedes oyen, y no las oyeron."

-Parábola del sembrador, Mateo 13:13-17

 

Tal como el nacimiento y la muerte, el proceso democrático duele.

Se ha convocado a una junta popular para escoger la fecha de las elecciones de representantes de las colonias en el consejo municipal. Como siempre, se llama a la gente con cuetes y campanas. Toma bastante tiempo para que los viejos caminen desde sus terrenos y vecindarios en las afueras hasta el auditorio del pueblo. Campesinos con sombreros de paja, sudando después de un día tras del arado, se quedan de pie en la parte de atrás hasta que se les anima a tomar los asientos vacíos del frente. Las mujeres, la mayoría de los presentes, envueltas en sus rebozos y medio observando a sus hijos que corren en los pasillos, ya se han sentado. En el escenario todos son hombres: Lázaro Rodríguez y sus seguidores del CUT. Cuando el diálogo se desarrolla, la gran parte de la discusión viene de las mujeres en la audiencia.

Nadie ha siquiera decidido como se supone que esta junta debe llevarse a cabo, así que tan solo ese debate se lleva media hora. Tiempo después la sala vibra con testimonios emotivos que llegan de todas las esquinas: un viejito quien no entiende las boletas sigue enojándose, mientras un hombre en el estrado explica pacientemente que los candidatos no serán presentados simplemente con números, sino que sus nombres estarán impresos en la boleta. Se lleva a cabo una discusión acerca de los "traidores" anti-CUT, del PRI y de los prisioneros. Se anuncia que el estado ha decidido compensar monetariamente a aquellos que fueron arrestados y maltratados en la emboscada del 10 de abril. Leticia Moctezuma, la maestra que estuvo presente, posa preguntas que no tienen respuesta: "¿Quién sabe cuánto tiempo van a estar traumados nuestros hijos? ¿Cómo nos van a pagar por esto?" Moctezuma trae al frente una madre quien describe como los niños vieron pasar las balas, cómo los encerraron sin saber si sus padres estaban vivos o si estarían seguros. Lágrimas corren cuando termina de hablar.

"El priísmo, el sistema que se había implantado en todos los estados, inclusive en todos los municipios, sólo eran gente que tenían dinero. Para ellos era como jugar, como un negocio", dice Raúl. "Va a estar muy delicada esta transición, porque la gente ya no esta para aceptar los señalamientos." Luego pausa. "Y es bueno porque ya se esta exigiendo que haya democracia."

Más allá de las barricadas del pueblo, el inmanejable sistema político de la nación se dobla bajo el peso de la corrupción, la tradición y el compromiso. Aquí dentro, Tepoztlán labora con algo elemental: como ser justos. Después de casi cuatro horas, la mayoría de la multitud ha soportado el proceso, escuchado hablar a los candidatos y escogido la fecha de las elecciones para dos semanas más tarde. La tarde ha sido extenuante, pero para la gente de Tepoztlán, no hay otra forma. Esta democracia en pañales no vino de fuera, nació en los campos del Valle Sagrado de Tepoztlán. De repente, jóvenes y viejos que nunca han sido escuchados alzan sus voces. La democracia requiere que se les oiga, aunque se lleve toda la noche. Por mucho que duela, los tepoztecos saben que este logro es su premio. La creación de una democracia, en su forma más simple y mejor, ahora es su hermosa carga y su difícil destino.

Traducción: Claudia S. Meléndez